No podes imaginarte la cantidad de cosas que podes encontrar con el simple hecho de abrir una ventana. Después de todo, esa es la función de una ventana. Esperar muy quietita con las cortinas valanceandose divertidas invitándote a abrirlas. Detrás de la ventana, con las cortinas cerradas se ven sombras juguetonas. Sombras de hojas, de árboles, de personas que pasan caminando en la agitada ciudad. ¿Qué tiene de sorprendente una ventana? ¡Tantas cosas! sin querer, al abrirla, podes encontrarte con tu pasado, cuando jugabas en la calle debajo del sol ardiente con tus amigos. ¿Dónde quedó eso? Ya no está. se voló con el viento. Se guardó en una caja perdida. Se escapó por la ventana. Por eso, a veces la única forma de verlo es alejándose más allá de ese vidrio impenetrable, enmarcado ya sea con madera o metal, y cubierto por esas cortinas con diseños delicados o divertidos que de vez en cuando se abren despacio y te dejan ver el sol y las nubes o la luna y las estrellas o la lluvia y algunos tristes nubarrones grises. Están todavía ahí, igual que cuando eras un bebé en los brazos de mamá, igual que cuando eras un nene chiquito y llorabas para no ir al jardín, igual que cuando tenías 6 años y era tu primer día de clases y volvías de la escuela emosionado por salir a jugar debajo de los árboles con tus amigos.¿Cuánto hace que no miras tus recuerdos atrás de la ventana? Y cuando lo mirás se escapan algunas lágrimas que terminan por empapar tu cara. Pero eso está bien. Solo de vez en cuando volvés a mirarte abrazado a tu mamá y jugando con tus amigos porque todavía tenés que vivir. No podés quedarte esperando a que la vida pase, sentado frente a la ventana.
Después de todo esa es la función de una ventana. Quedarse muy quietita esperando a que alguien mire a través de ella

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